Retomamos las entrevistas con autores independientes y autopublicados, que sé que os gustan 🙂 Hoy vamos con Clara Fuertes, autora de ‘Luz de Abril’, ‘Otoño desde mi ventana’, ‘Agua de limón’ y ‘La estela de Lidia, entre muchos otros.

Clara Fuertes nació en Aranda de Duero en 1975. Pasó su infancia y parte de su adolescencia en Valladolid, pero terminó cursando sus estudios en la ciudad de Zaragoza. Es profesora, amante del arte, viajera y apasionada de la cultura, una narradora por naturaleza que disfruta de los placeres de la lectura y escritura con intensidad. Hoy, conocemos a Clara Fuertes.

¿Cuáles han sido tus influencias a la hora de escribir? ¿Cómo comenzaste?
Comencé con un hogar lleno de libros, con una cita a la biblioteca cada viernes ya desde muy pequeña; comencé, como casi siempre sucede, leyendo. Leyendo mucho, todo lo que caía en mis manos. Después llegaron los primeros escritos, desahogos adolescentes, frases, una forma de terapia que después rompía. Y como el sueño de escribir no parecía algo real, si no el deseo de otros, dejé que la cabeza se me llenara de historias, de pájaros, de vidas ajenas. Hasta que un día, paseando por la calle lo vi tan claro, que ya no pude parar de juntar letras. Supongo que fue el destino, me esperaba a la vuelta de aquella esquina.

Si tuvieras que elegir algún libro de tu infancia/adolescencia/vida adulta, ¿cuál sería?
Cada época de mi vida ha estado influenciada por diferentes autores. De niña me apasionaban las aventuras, los libros de los Cinco, de las Gémelas, Puck, Celia, la colección completa y naranja de Barco de Vapor, me encantaba. El pequeño Vampiro, fue uno de mis favoritos, y cualquiera de Roald Dahl, en especial El gigante Bonachón, Matilda, La fábrica de Chocolate, los libros del Viaje al Centro de la Tierra, El pequeño Nicolás, cómo me hizo reír.  El principito, aunque este libro para entenderlo tuve que ser mayor, Gianni Rodari y sus cuentos, eran geniales, El mago de Oz, Peter Pan o Alicia en el País de las Maravillas, y un largo etc. También me gustaban los cómics, Asterix y Obelix, Mafalda, Zipi y Zape, Mortadelo y Filemón. Después fueron llamándome la atención otras historias, en su mayoría históricas y con algo de amor. O tristes y reales. También los clásicos. Me encantaba Delibes, Virgina Woolf y Silvia Plath.Entre mis escritores favoritos están Almudena Grandes, Reverte, Julia Navarro, Javier Marías, Cortázar, Saramago, Manuel Rivas, Julio Llamazares, Josefina Aldecoa, Ana María Matute, Goytisolo, Pessoa, Tavares, Millás, Ángeles Caso, Nuria Amat, Benedetti, Amos Oz, Susanna Tamaro…

¿Qué libros has escrito?
Para adultos, Agua de Limón fue el primero. Es la historia de mis abuelas durante la Guerra Civil y la que hizo que mi vida cambiase y diese un giro completo. Por ellas estoy aquí, escribiendo, haciendo realidad un sueño que creía imposible.
Otoño desde mi ventana, ¡Háblale!… a quien comprenda tus palabras, El gran dragón negro, Luz de Abril, han sido los siguientes, todos distintos, temáticas contemporáneas o históricas, amor, familia, infancia, viajes, mujeres. La fuerza de mis personajes está en las mujeres, en sus sentimientos, en su historia.
En infantiles, he escrito La estela de Lidia, una novela sobre el mundo del toro y la amistad y tres cuentos ilustrados en verso para primeros lectores, La gotita Pilar, Mi pequeño arbolillo y Orejotas.

De los personajes que has creado, ¿con cuál te quedarías?
En realidad cada una de las mujeres que viven en mis libros son un poco como yo misma, o como me gustaría haber sido, así que me quedo con todas ellas. Me complementan. Suman.

¿Qué tienes pensado seguir escribiendo?
Tengo pendientes de publicar dos novelas que ya están finalizadas, una sobre la vida de una escritora que me apasiona, y con la que he viajado a la Segunda Guerra Mundial de nuevo, como hice con El gran dragón negro pero, esta vez, el escenario ha sido francés, y otra novela que es algo fantástica y se desarrolla en el Pirineo Aragonés. Me gusta experimentar.
Ahora mismo estoy escribiendo dos novelas con dos contextos muy diferentes. Una es una historia de amor y la otra es de olvido y basada en hechos reales.
¿Cómo crees que ayuda la autopublicación? ¿Crees que el sector editorial está saturado?
Para mí ha sido una bendición y una forma diferente de acercarme a mis lectores libre e independiente. Después de equivocarme y creer en otros, probar este mundo ha sido una liberación. Pero es importante la calidad, cuidar con mimo lo que haces, las historias, el contenido, la forma, todo.
Creo que las editoriales viven de la mano de otros, de las recomendaciones de otros, de los contatos, y es difícil entrar en ellas sin brazos en los que apoyarte. Por eso, si realmente uno cree en sí mismo y en sus historias, hay que aprovechar la oportunidad que te brinda ser independiente. Esta forma de soñar no existía antes. Somos muy afortunados.


Además de escribir, ¿qué otras cosas haces en tu tiempo libre?
Yo no escribo en mi tiempo libre, para mí escribir es un trabajo, necesita disciplina y horarios fijos y yo los cumplo a rajatabla. Imparto, también, talleres de escritura creativa. Y en mi tiempo libre, eso sí, leo, voy al cine, viajo todo lo que puedo, paseo a mi perro Bali y cuido de los míos, ser madre y esposa es otro trabajo a tiempo completo.
Si pudieras viajar al pasado y conocer a un personaje, ¿cuál sería?
Viajaría a la Segunda Guerra Mundial para conocer a una de mis escritoras favoritas, Irène Némirovsky.
Si tuvieras que recomendar tu novela en una palabra, ¿cuál sería?
Sentimientos.
¿Cómo solucionas la dichosa página en blanco?
Puede parecer algo extraño pero, a día de hoy, nunca he sufrido esa sensación (toco madera), las palabras me fluyen solas, sin esfuerzo. Pero si llegase alguna vez a ocurrirme, haría otra cosa, siempre hay algo que se puede hacer para desbloquearse, leer, caminar, dormir, el sueño es reparador.
Un consejo para los escritores que te están leyendo…
No me gusta dar consejos y menos a mis propios compañeros, pero si tuviera que decir algo sería AMAR, amar lo que hacen, difícilmente se puede soportar esta profesión si no se ama de verdad.